El pasado fin de semana fue del todo prometedor... y un tanto catastrófico por mi parte.
El día sábado 26, una compañera de trabajo hizo una REUNIÓN por su cumpleaños en su casa. Todo tranqui, hasta medio aburrido en un punto ya que todos nos mirábamos las caras (todos mis compañeros de trabajo fueron) y no había otra cosa más que hacer (seámos sinceros, el alcohol te desinhibe demasiado) hasta que empezaron a venir las rondas de alcohol.
Botellas, jarras y vasitos de colores con alcohol. Whisky, Ron, Cerveza y hasta Tequila había no recuerdo muy bien (por obvias razones).
Todo iba bien hasta cierto punto, la joda del momento todos empiladazos mal... hasta que perdí el conocimiento de mis actos y terminé haciendo burrada y media. No podía abrir bien los ojos ni distinguir a las personas; en fin directo al punto: terminé besándome con un antiguo compañero de trabajo... el mejor amigo del chico número tres.
No debería decir que él se aprovechó de mí (lo cual es cierto) pero al fin y al cabo yo le correspondí de tanto que se me pegaba.
Me arrepiento de haberlo hecho.
Y de otra cosa que me arrepiento es que el chico número cuatro, el cual me cuidó luego de haber hecho esa atrocidad, sabe lo que siento por él porque se lo confesé todo en mi estado de ebriedad.
Le dije que me gustaba, que lo quería demasiado y le dije tantas cosas que hasta él mismo no se lo podía creer. Y tengo miedo que eso arruine nuestra amistad, porque lo quiero tanto que no soportaría un cambio suyo de actitud.
Lo peor es que ahora todos en mi trabajo (aunque ya al haber pasado unos cinco días de eso se han calmado un poco) me joden con el SHOW que hice con Alonso, así se llama mi ex compañero de trabajo.
Odio no poder controlarme cuando estoy bebiendo un trago nuevo, y odio no tener la voluntad para decir NO al cigarro.
Esos dos componentes son mi perdición.
Solo queda olvidar ese amargo trago.
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